Hace unos años, cuando estaba recabando documentación en el Archivo General de Indias, dí con un documento que me dejó asombrado. Se trataba de una respuesta dada por el Consejo de Indias al rey Carlos II acerca de un memorial que había recibido el monarca de parte de Diego de Aguilar, un indio mexicano que suplicaba por auxilio en el Madrid de 1678. Los memoriales eran escritos con los que se acompañaban peticiones a las autoridades y su nombre deriva de que hacían memoria o reseña de actos o circunstancias que justificaban la petición.
Este Diego de Aguilar, “Yndio mexicano”, ¿sería posiblemente natural de alguna de las parcialidades de la ciudad de México, Santiago (Tlatelolco) o San Juan (Tenochtitlan)? ¿O sería un hablante de náhuatl de alguna otra región de la Nueva España central? En aquel tiempo, la utilización del topónimo México solía referirse a la ciudad o al distrito de la Audiencia, a veces conocido como Reino de México. Por su parte, mexicano era un adjetivo gentilicio reducido a los naturales de la ciudad de México. Una parte del resto de lo que ahora conocemos como México era llamado Nueva España, y no existía un gentilicio abarcador para todos sus habitantes en el siglo XVII (la primera referencia lexicográfica como gentilicio que abarcase al conjunto de los habitantes del reino de México data de un diccionario de la RAE de 1803). Mas por mexicano se entendía también, desde el siglo XVI, al hablante de la lengua náhuatl, o lengua mexicana.
¿Cómo llegó Aguilar a la península? No he encontrado respuesta aún. Pero la historia que deja entrever la contestación de los consejeros al rey es muy interesante.
Resulta que, por una u otra razón, Diego de Aguilar se encontraba de servicio en una embarcación de la armada invencible, alguna de las galeras bajo el mando del Duque de Florencia, Fernando II de Medici, que cruzaba incesantemente el Mediterráneo. Algún mal día de 1675, la embarcación se topó con galeras del Gran Turco y hubo una refriega. La mala suerte acompañaba ese día a Diego de Aguilar pues fue herido y perdió una pierna. Después de su recuperación y hallándose con mucha necesidad, se trasladó a Madrid para suplicar en la corte que se le auxiliara con una limosna para poder regresar a la Nueva España. Uno de los varios memoriales que escribió llegó a manos del rey y éste ordenó a los miembros del Consejo de Indias que se informasen y socorrieran al indio mexicano.
Los consejeros encargados de ver el caso, Don Tomás Valdés, el conde de Medellín y los marqueses de Santillán y Mejorada, le informaron a Carlos II que ya tenían conocimiento de la situación de Diego de Aguilar. De hecho, él mismo había logrado presentar otro memorial anteriormente al consejo a raíz del cual habían resuelto entregarle por limosna 30 reales de vellón, que era la cantidad de la que podía disponer el consejo sin necesidad de hacer consulta o rendir cuentas. Los consejeros informaron también al rey que por el momento resultaba complicado colocar a Diego de Aguilar en alguna embarcación rumbo a la Nueva España, por lo cual consideraban que la limosna de los 30 reales de vellón era más que suficiente. Cabe decir que 2 y medio reales de vellón equivaldrían entonces a 1 real de plata, con lo cual el consejo habría erogado 1 y medio pesos fuertes de plata.
El destino de Diego de Aguilar se pierde entre las líneas y las orillas de los documentos. No sabemos qué pasó con él después de esta información del consejo del día 3 de octubre de 1678.
El documento se encuentra en el legajo 7 del ramo Audiencia de México del Archivo General de Indias.


Diciembre 6, 2008 at 9:21 am
Una pregunta:
¿Sería indio o sería mestizo? O tal vez un indígena de ascendencia noble… Lo pregunto por el uso del apellido. De cualquier forma, está muy interesante la historia.
Saludos
Febrero 2, 2009 at 10:23 am
Estimado amigo y colega,
muy interesante el extracto de las huellas que aquel indio mexicano dejó en el AGI. Esparcidos por la documentación más variada en Europa se encuentran casos similares a menudo desde comienzos del siglo XVI. El caso tal vez más conocido son los indios que llevó Cortés consigo a la corte de Carlos V y que fueron ahí grabados por el grabador de Augsburgo Weyditz. De vez en cuando aparece uno que otro en Alemania, en Francia y en la Península más tarde y en otras partes para no mencionar el caso relevante del los indios del Brasil que en torno a 1654 fueron enviados a Angola para ayudar a la expulsión de los holandeses de allá.
En general cabe la pregunta si los casos individuales o eran instrumentalizados para mostrarlos como objetos de exposición o venían con identidad espanhola a Europa y descubrieron su identidad solamente en casos especiales de necesidad etc.
El autor de este comentario lamenta de no haber apuntado estos casos que se le presentaron a lo largo de su trayectoria de investigador y lector por haberlos considerado durante mucho tiempo como una curiosidad y a la hora de crecer el interés no disponer el tiempo de volver a buscar las referencias encontradas. Sería un tema que valdría la pena de una investigación más a fondo, empezando por ejemplo con un intento de identificar los pasajeros que viajaban desde la N. E. en dirección oriente.
También podría valer la pena de tratar de reunir casos encontrados mediante un llamado entrel a comunidad de investigadores. Finalmente hay todo un elenco de bibliografía acerca de “La imagen del indio en Europa” a través de la cual se podrían identificar también bastantes casos individuales.
Muy cordialmente
Horst Pietschmann
Abril 14, 2009 at 11:45 am
Estimada Cristina: muchos indios de la nobleza mexicana eran seguramente mestizos, pero conservaban su estatus de indio si les convenía. El blog de mi querido amigo Felipe Castro (Peregrinaciones en el pasado), tiene varias entradas dedicadas a estos personajes para el caso michoacano.
Querido amigo Horst: mil perdones por no haber visto antes este maravilloso comentario. Me permito incluirlo en una entrada en Cliografía.